Bogotá D.C., junio 15 de 2012.- Al abordar un tema polémico, controversial y delicado como el de la movilización de carbón por las carreteras y lo que existe de vía férrea en el Caribe colombiano, el propósito es llamar la atención de los diferentes actores para pasar de la palabra a la acción en términos de soluciones inmediatas.
Estamos hablando del futuro de una comunidad, de la vida misma, de la necesidad de preservar la calidad del aire, de mantener el equilibrio del ecosistema y de generar unas condiciones seguras para la actividad económica y social, sin atentar contra el entorno ni contra las personas que trabajan, por ejemplo, en la explotación minera y muchos menos contra quienes se ubican en jurisdicción de los respectivos campos.
Desde hace varios años vengo exponiendo la preocupación respecto de los problemas que se le causan a Santa Marta, a los seres humanos, a su bahía, a las especies marítimas y a su negocio turístico, entre otros aspectos vitales, por cuenta de la exportación de carbón a través de los puertos ubicados entre la capital del Magdalena y el Municipio de Ciénaga.
La contaminación es evidente cuando uno desliza las manos por escaleras, pisos, puertas, baldosas y enchapes. El polvillo del mineral está regado por todas partes. Allí hay un riesgo inobjetable y si nos diéramos a la tarea de diagnosticar pormenorizadamente la salud de los habitantes de la zona, encontraríamos a más de uno comprometido en sus vías respiratorias.
Eso en cuanto al aire. Los otros problemas se derivan del transporte y el embarque del mineral que también afectan la atmósfera pero que implican riesgos adicionales por el alto flujo de volquetas en las carreteras, el sobrepeso, falta de mantenimiento y alta velocidad de vehículos y vagones.
Las brisas de cualquier tipo suelen esparcir el polvillo por todos los lugares y si no se extreman las medidas preventivas en la operación de transporte, cargue y descargue del mineral, los efectos son devastadores sobre la salud humana.
Ese es uno de los grandes temores con Santa Marta y su área de influencia.
Cuando el hoy Senador de la República, Juan Lozano, se desempeñó como Ministro del Medio Ambiente fue publicado un informe que confirma mis apreciaciones. Decía textualmente:
"En cuanto a la afectación de la calidad del aire con partículas de mayor tamaño (PST), comúnmente identificadas como polvo, los lugares más contaminados son: Cazucá en Bogotá; Soacha, Sibaté y Zipaquirá en Cundinamarca, Autopista sur en Bogotá, el noroccidente de Medellín e Itagüí y las zonas de influencia del carbón como El Cerrejón, Santa Marta y La Jagua de Ibirico. Esta contaminación es generada por actividades como la minería, la construcción, la erosión, el transporte público y de carga que utiliza diesel (ACPM), así como vías en mal estado, entre otras".
El pasado jueves, por un aparente sobrepeso, se descarriló el tren que moviliza el carbón entre La Jagua, Cesar, y el Puerto de Prodeco entre Ciénaga y Santa Marta en el Magdalena. El accidente se produjo en el sector Ojo de Agua, kilómetro 37 de la carretera que va hacia el centro de despacho. Veintidós de los aproximadamente 100 vagones que componían la hilera, desparramaron su carga carbonífera, unas 1.300 toneladas avaluadas a precios de la semana pasada en cerca de 70 millones de dólares, a un lado de la línea férrea.
Por fortuna el descarrilamiento no causó muertos ni heridos, pero mientras el mineral es recogido una gran cantidad de polvillo se va a los pulmones de los residentes de la zona y más allá incluso. Aún no se conocen los motivos técnicos del suceso. Sin embargo, apunta a que había sobrepeso en los vagones. Es una situación que debe ser investigada y sancionada por las autoridades competentes. De allí mi solicitud a la Procuraduría General de la Nación para que investigue el hecho con todo el rigor del caso.
El polvillo del carbón es uno de los aspectos más graves del problema, como lo describe el sitio web http://espaciosalternativos.org , al referirse a la contaminación del aire y el mar en Santa Marta:
"Las mulas que traen el carbón de Cesar lo descargan en los patios de Prodeco, una cinta transportadora, cargada por grúas, lo lleva hasta las barcazas que, a su vez, lo transbordan a los barcos que lo transportan a Europa o a Estados Unidos.
"Es decir, aquí el carbón es cargado y descargado cuatro veces: de la tractomula al patio, del patio a la cinta, de la cinta a la barcaza y de la barcaza al barco. Cada paso libera carboncillo que el viento arrastra hacia el mar y hacia la costa: los turistas encuentran en la playa una línea delgada de polvo negro que va marcando el ir y venir del mar.
Negro también es el polvillo que percude las sábanas y los manteles de los hoteles. El gobierno local desconoce la demanda al ignorar el efecto del puerto sobre las costas. Un efecto que es más grande y dañino si se mira la estela de carboncillo que van dejando las tractomulas desde la Jagua de Ibirico y el Cerrejón hasta el Puerto de Prodeco. Al que se sumó, una década más tarde, el puerto de la Drumond.
"Aunque parezca mentira, son puertos separados, que en vez de un daño hacen dos. Como dos son los medios que usan para transportar el carbón de la mina a los puertos: la Drumond no usa camiones, sino tren. El famoso tren al que cantó Escalona –"que sale, por la zona pasa, y de tarde, se mete a Santa Marta"– y que tantos milagros hizo ver a Gabo en Aracataca. Ese tren es hoy, en la práctica, un tren privado que arrastra 100 vagones llenos de carbón cuatro veces diarias.
También, por supuesto, deja la estela negra sobre la vegetación, los pueblos, los acueductos, la Ciénaga. El carboncillo es el único producto de la explotación carbonífera que las comunidades reciben".
Es una verdadera tragedia ambiental. Es hora de enfrentarla y de satisfacer los reclamos de la comunidad. El descarrilamiento del tren es un hecho aislado pera hace parte de la cadena de problemas que se desatan día a día. Si el Gobierno no reacciona, la gente se verá forzada a salir a las calles a pedir la atención que por ahora no le han brindado quienes pueden hacerlo. Por favor visite www.josedavidname.com o escríbame a
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El carbón es la muerte para Santa Marta
"Estamos hablando del futuro de una comunidad, de la vida misma, de la necesidad de preservar la calidad del aire ": senador José David Name Cardozo (Partido de La U).
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