El Consejo Nacional Electoral está compuesto por nueve magistrados elegidos por el Congreso en pleno, mediante el sistema de cifra repartidora, sobre listas presentadas por los partidos políticos.
Por: Camilo Correa Álvarez
Bogotá, D. C., enero 17 de 2026 (Prensa Senado)
Más allá de ser una oficina técnica, el Consejo Nacional Electoral (CNE) es uno de los pilares que sostiene la democracia en Colombia. Su misión es sencilla de decir, pero enorme de ejecutar: cuidar que cada voto cuente y que las reglas del juego sean justas para todos.
Pero, ¿cómo llegamos hasta aquí? Hagamos un viaje rápido por su historia.
De 1888 a hoy: Una evolución constante
Todo empezó hace más de un siglo, en 1888, con el "Gran Consejo Electoral". En ese entonces, su única tarea era contar los votos para presidente. Con el paso de los años, el país entendió que necesitaba algo más robusto:
En 1948: Se transformó en la Corte Electoral.
En 1985: Nació oficialmente el nombre que conocemos hoy: Consejo Nacional Electoral.
El gran cambio (1991): La nueva Constitución le dio "vuelo propio", convirtiéndolo en un organismo autónomo e independiente para asegurar que nadie metiera mano en los resultados.
¿Cómo se elige y por qué importa el Senado?
Actualmente, el CNE está formado por nueve magistrados. No los elige una sola persona, sino el Congreso en pleno. Se hace a través de listas que presentan los partidos, usando un sistema que garantiza que diferentes fuerzas políticas tengan voz y voto.
Aquí es donde el Senado cumple un rol vital. Junto a la Cámara, los senadores son los encargados de elegir a estos magistrados. Al ser los representantes que nosotros votamos, ellos actúan como un puente de legitimidad: nosotros los elegimos a ellos, y ellos eligen a quienes vigilarán nuestra democracia.
Mirando hacia el futuro
El CNE no se ha quedado estancado. Ha tenido que aprender a lidiar con los retos de hoy: desde el uso de nuevas tecnologías y la lucha contra las fake news, hasta abrir más espacios para la equidad de género.
En pocas palabras: El CNE es la garantía de que, cuando depositas tu voto en la urna, tu voz realmente se escuche. Su historia es, en realidad, la historia del esfuerzo de Colombia por tener elecciones cada vez más transparentes y plurales.